martes 13 de diciembre de 2011

Papalord conoce al perro que defendió el peso





A ver, imaginemos que la vida nos da la oportunidad y pudiéramos tener a Jolopo frente a Gel Boy, ya saben, onda esos encuentros míticos como los que se dieron entre los Beatles y Bob Dylan; entre André Glucksmann y Octavio Paz; entre Pipino Cuevas y el Canelo Márquez, algo así, nomás que en este caso hipotético se podría decir que popó meets más popó.
La reunión se lleva a cabo en Casa Bell; llegan puntuales como lo marcan los protocolos de Atlacomulco. Los dos se ven impecables pero las diferencias en el outfit son muchas: nuestro dinosáurico personaje trae puesto un traje que le hizo su sastre de cabecera: un migrante italiano que lleva en México más de 30 años. Entre Jolopo y su sastre hay una relación muy cercana. Como quiera que sea, Don sastre le mide la entrepierna de cuando en cuando, si eso no genera confianza, sabe Dios que lo hará.
Nuestro mirreyzaso trae Ermenegildo Zegna hasta en el fundillo; todas las semanas, un gay malvibroso le escoge la ropa que usará. Y esta es una de las pocas veces que nuestro papalord soporta que un puto esté cerca de él. Si sumamos de los pies a la cabeza lo que trae puesto el copete más rápido del oeste, andaremos entre los 80 y los 120 mil pesos. Nice!
Se piden un trago: coñac pa uno, cuba con coca light pal otro. Rompen el hielo con el tema más universal: la familia. Nuestro tiranosaurio Rex pregunta por la esposa y por los hijos mientras piensa dos cosas: de entrada, en la primera esposa de papalord, la que murió; le alegra saber que el hijo pródigo de tierras mexiquenses tiene claro que cuando alguien sobra hay que quitarlo como sea; la otra cosa que pasa por su cabeza es la nueva esposa: las viejas de hoy no están tan buenas como las de antes. Por su parte, Astroboy versión grillo recuerda varias películas donde le vio las chichis a la encueratriz con la que está casado Don Dino y sonríe para sus adentros.
La plática continúa y empiezan los temas políticos: Don Jolopo no entiende por qué tanto problema por lo que pasa en el internet, mucho libertinaje, muchas ganas de chingar al estado. Mira, Quique, como dijo Robespierre: el secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes.
Los dos reirán al unísono aunque nuestro amante de las duckface no tiene puta idea de quién es el tal Rob Spier. Para su fuero interno piensa que “pinches gringos”, siempre tienen buenas frases para todo.
Don Jolopo se aventará una disertación sobre las libertades: de Hobbes a John Stuart Mill. Mientras, papawh se morirá de la hueva de escuchar al ruco este y lo único que piensa es confirmar por su Black Berry la reservación que tiene en la noche para cenar con el titular de un afamado noticiero. Amor con amor se paga, piensa el mirrey mientras el priista de antaño no ha dejado de hablar un solo minuto. A tipos como él nunca les ha importado escuchar a nadie, solo hablan para ser admirados.
Por su lado, el Papalord reprime un deseo incontenible por buscar un espejo y confirmar que su copete sigue intacto: esa antena parabólica que llama la atención de las Lobukis.

Las Lobukis, piensa y, de repente, recuerda que en casa lo espera la Lobukis de Lobukis, ¡de lujo!. Jolopo ahora cita a un filosófo argelino que parecer ser la sensación en Europa. Derridá o algo así. Al Papirrey le suena a medicina para la diarrea. Por dentro se carcajea de su propia broma. Soy la onda.

Jolopo pasa a un tema y a otro. Afirma que en la vida real esas cosas que pasan en la internet, en la prensa, con los ciudadanos desubicados se contrarrestan con eventos en donde se vea la mano de la fuerza política: eventos con la CROC, el SNTE. Tener los precios de la canasta básica en orden. Para todo nuestro pueblo, antes que nada, la tortilla, Quique, la tortilla. Hay que enseñar el músculo, tener los hilos de todo, remata don mesozoico. Jimmy Neutrón tiene cara de no entender: ¿la tortilla en su precio? Pus si cuesta 45 pesos hace como 10 años ¿que no? No sé, mejor le pregunto a mi Gavi que le pregunte nuestra cacha, al fin que eso es de lo que se deben encargar las señoras de la casa. Y de eso de lo que dijo de la prole, ¿cómo fue? Uta, no entiendo nada.
Papilord mira discretamente su Rolex. Don Jolopo también mira su Rolex pero a él ese poderoso reloj se lo regaló Jimmy Carter. El del ex gobernador de Edomex lo compraron en Beverly Hills con dólares en efectivo; piensa que debe adquirir otro más grande, uno que vaya más con su personalidad. Está a punto de escribirle a su asistente por la BB a que anote eso en sus pendientes pero sabe que a priístas como al que tiene enfrente hay que tenerles la deferencia que marca el protocolo.
López interpreta como concentración y admiración la mirada fija de nuestro mirrey. Lo ve con orgullo: el verdadero cachorro de la revolución. Este sí es un político de verdad; siente al pueblo y actúa en consecuencia. Me alegro de que se haya acabado la era de los tecnócratas de Harvard; que ya ninguno de ellos aspire a esas mamadas de ser gringo, de estudiar en el extranjero, de emular la basura de presidente que fue Salinas. Tanta cerrazón, tantos errores, se dice a sí mismo y casi, casi empieza a entonar el himno nacional.
En cambio, Papirrey se moja su calzón cada que piensa en Salinas. Don Salinas, el mejor presidente de México. Yo seré la continuidad de ese mandato de ensueño, nomás que, pa empezar, a diferencia de su ídolo, el Gavioto sí tiene pelo lo que de inmediato le da más puntos a su liderazgo.
Jolopo aprovecha para dar un poco de guía al futuro del PRI. Habla de la virilidad y de cómo hombres como ellos están obligados a escuchar el llamado de la historia. Porque Jolopo fue Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que tuvo como destino la reconstrucción de Tenochtitlán. Al príncipe de Toluca le llama Prometeo: eres el mensajero del fuego nuevo.
Papalord sonríe y comenta: “Porque yo, si te lo prometo, te lo firmo” y sus blanquísimos dientes deslumbran a todos los comensales. Jolopo parece, por un minuto, no entender.
No hay tiempo para preguntas: una lobuki de esas que andan ofreciendo bebidas exóticas en ese tipo de restaurantes, se les acerca. Los dos aplican sus mejores herramientas: uno usa su copetaxo viril y el otro su choro. La lobuki no sabe qué hacer: uno le recita quién sabe qué cosas que la hacen sentir una reina mientras el otro, más guapo, le dice que podrían ir a su casa de Valle y pasarla de diez: “Y a la mejor ya estando allá, te nombro mi coordinadora de asesores, ¿cómo ves?”. La lobezna sonríe pero no entiende qué es eso. Lo de Valle le suena muy bien. Jolopo ya está instruyendo a su guarura para que le vayan a comprar un ramo de orquídeas a la Mamarazzi mientras él ya tiene unos versos compuestos exclusivamente para ella. Dicen que verbo mata carita…
La lobuki se retira no sin antes hacer la promesa de que volverá en cuanto termine su turno. Los dos políticos regresan a lo suyo. Jolopo le dice que deben preparar muy bien el “Día D”: dominar la tierra es lo más importante, y en la boca de Jolopo se recrea todo lo que debe saber un mapache electoral: el ratón loco, la embarazada, la cadena, el carrusel, el alquimista, el taco. El ruquito habla y Copetes está harto: este no sabe nada de los celulares y de los jaquers y del tuiter y de la tecnologíaa y así.
Suficiente. Gel Boy se disculpa por tener que retirarse. Don Jolopo le dice que entiende, que no se preocupe. El priistosáurico político remata con una petición: hijo, sólo quisiera mandarte un par de nombres de ex compañeros míos que creo que serían de gran ayuda para la bancada, no son jóvenes como tú y los tuyos pero son gente de experiencia, gente sabia.
Sí, líder, espero los nombres, finaliza. Se estrechan las manos. López se queda sentado con una sensación extraña pero prefiere no investigar de qué se trata. Su guarura llega con el ramo de flores para la Lobuki.
Terminó por caerme bien, hasta eso. A ver qué nombres me manda, le voy a preguntar a mi tío Montiel, a la televisora, a Don Salis y a mi Gaviota, si a todos les gustan las propuestas igual y hasta uno de ellos queda en Agricultura o Función Pública, sentencia Papirrey mientras pasan por él -en una súper nave- un sequito más grande que el que conforman los bailarines de la Britney.
Antes de subir al auto mira su reflejo en la ventana: No mames, qué guapo soy, me cae.

3 comentarios:

  1. No sé si se encuentren en la misma situación que yo, pero les recomiendo este link para búsqueda de trabajo, muy recomendable http://bit.ly/uPKAUq Saludos!!

    ResponderSuprimir
  2. No manches, estás muy cagada, mana. Reí mucho.

    ResponderSuprimir